Los juegos con los que estrenas una consola suelen ser mágicos e inolvidables, sobretodo cuando uno es pequeño, y además de la marca que nos puedan dejar por su calidad siempre tienen un plus nostálgico quasi mágico que hace que los tengamos en un lugar muy especial de nuestro corazón. Para mi Streets of Rage para Mega Drive es uno de esos juegos, encargado de estrenar mi Mega Drive en las navidades del 91, responsable de abrirle a un crío los ojos como platos y dejarle totalmente alucinado, responsable de múltiples tardes de vicio con su hermano y culpable de su bajo rendimiento en el cole.
